Das Humankapital se encuentra con el filosofo Victor Samuel Rivera 3/3


La entrevista se divide en tres artículos : primero, segundo, Tercero

Davide de Palma: Profesor, ¿cómo definiría usted la cosificación?

Víctor Samuel Rivera: Nunca he tratado el tema y considero que tal vez esté ligeramente descontextualizado, por lo que mi respuesta cabe por provisional. El ser humano vive en un mundo que va dejando de ser humano propiamente, propiamente humano. De alguna manera el mundo de los hombres de la era tardía de la civilización occidental, que ha llegado a ser planetaria, no es más un mundo de los hombres. Quiere decir: está fuera de los márgenes de su esencia y, por lo mismo, le es hostil. Sin duda no lo es porque la expectativa media de vida se haya prolongado o que podamos prevenir o curar enfermedades que antes nos aniquilaban, sino por otras razones. Son razones fácticas. Creo que la más fácil de aceptar para alguien que no cultiva en exceso la filosofía es el acelerado deterioro del medio ambiente. Al haber el mundo del hombre alcanzado una extensión planetaria, ha cubierto el espacio en general, ha hecho del mundo una totalidad humana, y no hay ya más otro espacio. Uno podría imaginarse que es como haber hecho del mundo, de la totalidad del mundo, una casa. No sería esta metáfora muy equivocada, y así descritas las cosas, nada parecería más humano que el mundo tecnológico contemporáneo y su escala planetaria. Pero las casas se hacen y tienen sentido frente a las amenazas del exterior de las casas, son un límite de seguridad frente al riesgo del exterior, donde el frío, la lluvia o la furia de los elementos nos tienen a su merced. El exterior es la esencia de la casa. Es la naturaleza indisponible la que hace de la casa un lugar donde tiene sentido hacer una vida.

Una idea madre del pensamiento moderno es llegar a ser –como dice Descartes en la parte final del Discours de la Méthode, “amos y señores de la naturaleza”. Esta idea descansa en la distinción, que procedía de Aristóteles, del mundo como dos esferas en relación con la acción humana; uno constituía una totalidad al uso, poblado por artefactos y herramientas, por artificialia, y otro por seres indisponibles, los naturalia. Los modernos crearon una concepción de la existencia planetaria del hombre, que luego tuvo lugar como un acontecimiento histórico-social, en las revoluciones del conocimiento orientadas a la producción de bienes y las revoluciones políticas, interesadas en hacer de los regímenes políticos algo análogo a una inmensa herramienta al uso. El lograr, el tener éxito de este programa, implica en el extremo la identificación entre los naturalia y los artificialia, esto es, en la constitución de un mundo donde lo artificial define la naturaleza de las cosas o su esencia. Los primeros modernos imaginaron groseramente que el ser humano mismo, el “amo y señor” quedaba fuera del programa. De este modo, hacía del mundo una “cosa”, pero él mismo quedaba fuera como un “sujeto”. La experiencia histórica del despliegue de la modernidad revela esta suposición a la vez como un postulado producto de la ingenuidad y de la perversión. El ser humano sólo puede hacerse de un mundo artificial si él mismo renuncia al carácter natural de su propia condición, si repugna la naturalidad en el propio caso. Pero esto mismo es cosificarse. Es renunciar a una relación con el mundo en que sea posible que llueva, que el frío cale, que la inseguridad sea real. Pero si aplicamos eso al ser humano, implica su conversión él mismo en un ser artificial disponible. Habría que preguntarse para quién, y la respuesta apropiada no es “el hombre”.

Davide de Palma: Das Humankapital nació desde la idea la idea de potenciar los hombres y mujeres que trabajan, para mejorar el capital humano en las empresas, ¿cree usted que es importante creer en un nuevo humanismo del trabajo?

Victor Samuel Rivera : Buena parte de las consideraciones sobre el hombre que tienen su seno en el mundo inaugurado por Descartes y la “cosificación” del mundo se relacionan con los conceptos que desarrollamos ahora al uso sobre “el trabajo”. No estoy en condiciones de tratar en este momento la noción del trabajo en otras épocas históricas, pero es evidente que en esta época el trabajo no escapa a las condiciones metafísicas del mundo presente, que en la tradición tomada de Martin Heidegger llamamos “mundo tecnológico”, esto es, mundo que se relaciona con el hombre de manera instrumental. Este mundo tecnológico no es por casualidad también el mundo del “pensamiento único”. El “pensamiento único” y su lenguaje constituyen una amenaza para la variedad, la multiplicidad, la complejidad del ser humano, y su realización plena, a la vez, es la reducción del todo significado por ese mundo, a condición de herramienta. El trabajo es una categoría para significar la acción humana que, por su extensión, tiene su lugar en la ocupación planetaria que por su misma esencia exige la supresión natural de la Tierra.El“humanismo” situado en una agenda del pensamiento único está signado por el carácter artificial donado al mundo de los hombres, y es, por paradoja, el humanismo de la ausencia del hombre. El trabajo, pensado desde este humanismo, es siempre trabajo para una instancia no humana que, por ser hostil con el hombre como una naturaleza, es también un atentado contra el hombre. Es evidente que ni yo ni nadie nos podemos oponer al trabajo tout court, en oposición al descanso, las vacaciones o la contemplación. De ninguna manera estigmatizamos el trabajo. En cambio, sí es incumbencia de la filosofía y es su preocupación advertir de la esencia siniestra del humanismo. Esto no es una novedad; lo han hecho ya antes, en la línea que sigue mi trabajo, de diversas maneras, Vattimo, Teresa Oñate, Hans-Georg Gadamer y, más atrás, la Carta sobre el Humanismo que escribió Heidegger para apartarse del “humanismo” que Jean-Paul Sastre había propuesto en su panfleto El existencialismo es un humanismo. Debo agregar a los ancestros de Heidegger en el pensamiento político, el español Juan Donoso Cortés y, muy especialmente, el más oscuro de los habitantes del Reino de Piamonte en el siglo XIX, el Conde Joseph de Maistre.

2 Comments Add yours

  1. jackye scrive:

    In italiano?

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    1. dadepalma scrive:

      la traduzione sarà resa disponibile col caricamento del file pdf! esso avverà nelle prossime settimane!

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